Las lecciones de la vida

El aprendizaje continuo es una condición para liderar exitosamente. Muchos aprendizajes ocurren por la repetición de experiencias, en las que aprendemos algo nuevo cada vez; siempre que seamos humildes y tengamos la disposición de aprender.

Después de los 30 años me di cuenta de que muchas lecciones de mi vida volvían a mí, de distintas formas, una y otra vez.

Liderar, claramente no es el arte de saber qué decir o qué hacer SIEMPRE. Por el contrario, la naturaleza cambiante de nuestras realidades y nuestra forma de ser, presupone que siempre debamos estar dispuestos a evaluar nuestro contexto, realidad y recursos para responder.

Así, cada circunstancia que encontramos en nuestro camino, puede ser una repetición de acontecimientos que vivimos antes, como cuando leemos un libro por segunda y tercera vez y sobre todo, si no hemos tenido en las experiencias anteriores, la disposición a aprender. Nuestras capacidades y condicionamientos, deberían siempre hacer que la experiencia que creemos sea diferente para nosotros mismos y para nuestros liderados.

Aprender, definitivamente no es pararnos en el “yo ya sé qué hacer…. es que hace tres años lo hicimos así….” y quedarnos en un conocimiento que no tiene el pensamiento crítico de poner nuestra situación y capacidades en perspectiva. En perspectiva de lo que nos brinda hoy el entorno como realidad personal, profesional, empresarial y de los factores PESTLE que no controlamos (políticos, económicos, sociales, tecnológicos, legales y ecológicos, ampliamente utilizados en la cátedra sobre administración).

Es un gran desafío liberarnos del ego que quiere decirnos que somos autónomos y autosuficientes, para atrevernos a consultar fuentes diferentes, actuales y a aquellos a quienes lideramos. Esto último porque ocupan el lugar de la especialización que necesitamos de ellos para que aporten con su criterio a las decisiones que juntos debemos tomar.

La conversación abierta y franca, reconociéndoles a los individuos su capacidad de aportar, definitivamente construye una organización dispuesta al aprendizaje y evolución necesarios, bien sea para impactar el entorno y liderar con iniciativas innovadoras o para adaptarnos a todo aquello en que no somos competentes (factores PESTLE), pero afecta nuestra forma de operar. Es claro que no tenemos cómo decidir los cambios del entorno, manipularlos o controlarlos, pero sí está en nuestras manos tomar las decisiones que nos faciliten jugar el juego de la manera más exitosa posible.

¿Están preparadas las personas de nuestro equipo para decidir con autonomía? ¿Para responsabilizarse de los resultados de sus decisiones? ¿Hemos creado el ambiente de confianza que les permite retroalimentarnos oportunamente y confrontarnos cuando nos ven algo miopes, en exceso confiados o simplemente operando en automático? ¿Cómo respondemos a esas retroalimentaciones que seguramente son constructivas? Y si no lo son, ¿cómo educamos a los demás en -también- controlar su propio ego?

Todas las dinámicas que apoyan respuestas constructivas a las preguntas anteriores, deben ser hábitos que parten de la observación objetiva, la disposición empática y la comunicación oportuna y eficaz para integrarnos como un todo que puede tomar decisiones con nuestro equipo de trabajo con la mejor información y capacidades que cada uno de sus miembros tiene para aportar al proceso. 

Entonces la invitación es, a cada terminación de un proceso, revisarlo con espíritu crítico y humildad para aprender, con el fin de integrar el aprendizaje logrado en esa experiencia, a los criterios que podremos aplicar en futuras ocasiones. No es propio de un líder exitoso fallar o fallarse por repetir decisiones que no le ayudaron a construirse desde la humildad de no tener la totalidad de las herramientas o respuestas y la inteligencia de discernir sobre las decisiones tomadas, para formarse y fortalecerse en su rol. Y en su vida.

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