Admiración y respeto

Si bien el líder no trabaja directamente para ganar admiración y respeto, cuando los obtiene, su actuar es ejemplo para otros que le siguen natural y contagiosamente. ¿Bajo qué calidades estamos ejerciendo el liderazgo cuando logramos ser admirados y respetados?

Si verdaderamente estamos ejerciendo liderazgo sobre una causa o un grupo de personas, motivados por lograr algo más grande que nosotros mismos, dudo que la motivación esté en ganarnos la admiración y el respeto de otros. Sin embargo, aquellos líderes a quienes admiramos y respetamos, hacen parte del repertorio de maestros que conforman nuestro conocer, saber y deseo de emular.

Aunque el reconocimiento no sea la búsqueda fundamental del líder, nuestra labor se ve gratificada en él, es un buen elemento para continuar por caminos difíciles o áridos y es un buen termómetro de qué tan vigente está nuestra labor.

Así, he encontrado que algunas características le “abonan saldo” a la admiración y respeto que construimos:

Autenticidad: Aunque no terminemos de conocernos a nosotros mismos, es bien sabido que ésta actúa como un imán. Reconocer quiénes somos, con nuestras fortalezas y debilidades, nuestros límites y un estilo que caracteriza nuestro actuar que va desde “ser nuestra palabra” hasta los matices de la expresión emocional que nos diferencian de otros.

Coherencia: Totalmente vinculado con ser la palabra, implica reconocer nuestros valores y principios y vivirlos hasta en los momentos difíciles, para que todos sepan quiénes somos y cómo cuentan con nosotros y para que “den la talla” en lo que esperamos de ellos. No se puede restar valor al crecimiento de cada persona que nos sigue, permitiéndoles ser menos de quienes pueden ser y eso aplica para nosotros mismos.

Involucramiento: Hay momentos en que he querido salir corriendo. La tarea es compleja o me saca de mi zona de confort. Los líderes que se “arremangan” para hacer también el trabajo “sucio”. Se inspira mucho con el ejemplo y poco con la cantaleta y participar activamente en el servicio a otros es educar desde como somos nosotros… así nuestra capacidad no esté puesta a punto, así hagamos una tarea en el doble de tiempo que otro… pero la hicimos porque no había nadie más que la hiciera y no debíamos detenernos.

Escucha activa: Las escuelas de liderazgo resaltan hoy en día los beneficios de la presencia y atención consciente como uno de los mecanismos para comunicar bien. Comunicar eficazmente es un arte que requiere entrenamiento de todas sus aristas. Una de sus claves, es entrenar nuestra creatividad para preguntar y escuchar activamente, con interés y curiosidad por el contexto y necesidades de nuestros liderados. Así, no sólo podemos abrir juntos la mente a las posibilidades que podemos trabajar desde nuestras fortalezas, sino que también nos permitirá estar anuentes a las oportunidades que apoyarán su crecimiento y desarrollo personal y profesional. Y desde luego, se sentirán apreciados y reconocidos, fundamental para la armonía y estabilidad del equipo.

Inteligencia emocional: La que mencionamos en foros informales. Aún con más de cien años de estudios sobre esta, hay personas que huyen ante la palabra emoción. Pero lo cierto es que tener que dar resultados “ciertos”, de los que dependen no sólo el reconocimiento de nuestro entorno, sino posiblemente bonos y ascensos, en un mercado volátil e incierto, requiere destreza para reconocer, procesar y responder con inteligencia, prácticamente todo el tiempo. Y sólo su práctica nos hará maestros porque no nos podemos deshacer de las emociones, paralizantes, miedosas, alentadoras, contagiosas, involucradoras…. ¡miles!

Evolución: Un líder que no cambia su manera de hacer las cosas, no inspirará al cambio. Evolucionar requiere el coraje de vernos a nosotros mismos, cuestionarnos y tomar decisiones, no siempre fáciles. Desaprender y aprender. Fallar y levantarnos. Pedir retroalimentaciones y tomarlas con objetividad y criterio para aplicarlas en lo que sea oportuno. Permitir que otros lideren en las situaciones en que nosotros no somos tan competentes como ellos.

¿Cómo será que cada uno de nosotros se gana a diario la admiración y respeto que hacen crecer los resultados de nuestra gestión, porque nuestro equipo nos sigue, nos recomienda, crecen en su propia gestión y logros?

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