¿Y si lo que no dices, es lo que más importa?

¡Hola! 

Para este momento, confío en que tengas una lista de los miedos que has identificado. Si te perdiste el artículo de introducción a los miedos (estoy escribiendo sobre los miedos, en varios artículos porque los miedos son un tema largo), te invito a leerlo en el siguiente enlace https://gloriacuberos.com/miedo-en-el-liderazgo/ y luego sí continuar aquí.

Aquí va el primer miedo y mientras escribo, también quiero pedirte que si al final de estas entregas reconoces miedos que no listé, me lo hagas saber. Mi interés es que todos aprendamos a reconocerlos y a abordarlos de la mejor manera posible cuando los encontremos en el camino.

Empiezo con el primero: Miedo a decir lo que pensamos: dentro de algunos sistemas educativos se nos impartió la conducta de “no decir bobadas” o que “no se nos note que no sabemos”. En mi caso, siempre sentí que yo tenía que tener las respuestas correctas y que sólo me era permitido hablar cuando así era. Es importante cuando digo «sentí«. Es posible que me lo hayan dicho, es posible que no, pero yo lo sentí. Lo importante es reconocer que ese miedo está ahí. No decir lo que pensamos es desconocer el valor que podemos aportar, desde nuestro conocimiento, capacidad y experiencia. Y dentro del equipo, equivale a reducir nuestra participación a cero.

Imaginemos qué implicación puede tener no hablar, no participar. Supongamos que debemos entablar una negociación con un tercero a quien no conocemos bien. Y en una reunión de evaluación del tercero, me resguardo en mi temor y decido no sugerir que evaluemos si lava o no activos. La reunión transcurre y nadie sugiere hacer esta indagación.

¿Qué puedo hacer si me veo en una situación en que mis miedos me detienen? Mi sugerencia, es evaluar lo que estoy pensando bajo mi propio criterio y bajo el de los otros.

Evaluando bajo mi propio criterio:

Si la solicitud es boba, tendré que buscar por qué pensé en eso y cuáles serían los riesgos de no hablar.  En este caso el riesgo es que voy a participar de una negociación en que mi inquietud siempre va a ejercer un poco de tortura sobre alguno de mis valores, en este caso, la responsabilidad. Aquí entonces identificamos que el miedo y la parálisis que nos produce, son contrarios a vivir en el valor de la responsabilidad, que es de donde podemos tomar la fortaleza para hablar. En otras palabras, ser coherentes con nuestro valor de la responsabilidad, será la recompensa de hablar.

Evaluando según el criterio de otros:

Si temo que mi idea sea calificada como boba por los otros, puedo empezar por admitir o aceptar que pertenezco al equipo por unas calidades que son reconocidas. Así, poner el tema sobre la mesa abre un debate, que se enriquece con puntos de vista diferentes y creando una posición sólida acerca de cómo abordar la situación con el tercero y esto, suma al valor de lo que hacemos como equipoDicho de otra manera, mi auto-reconocimiento profesional, así como un debate enriquecedor, pueden ser el motor de una acción positiva en contra de mi miedo.

Aún hay una perspectiva adicional:

Podría ser que nuestro ego tenga una gran necesidad de reconocimiento y no hablamos porque ese deseo es muy grande y no estamos seguros de obtener el reconocimiento que deseamos. O peor aún, tenemos miedo a la crítica de otros que heriría nuestro ego. Lidiar con el ego (negativo) es uno de los trabajos difíciles que tenemos en el ejercicio del liderazgo.

Entre las fórmulas que encuentro para que el ego esté en la dimensión correcta, es contrastar «sus demandas» con mis valores para liderar.  ¿Cuáles son mis valores para liderar? Aquellos por los que quiero ser reconocida y con los que quiero inspirar. Estos conforman el ego bueno; esta diferenciación entre ego positivo y ego negativo, la haré en un artículo posterior de este blog. 

¿Qué reflexiones tienes sobre el miedo a hablar? ¡Quiero leerte!

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