Se acerca el fin de año y ante la disciplina que he llevado por años de evaluarlo en distintos aspectos de mi vida, no dejo de sentir aún el vacío en el estómago de una nota emocionalmente difícil de aceptar, como si estuviera en cuarto de primaria. Pero esta es sólo la sensación ante el pensamiento de evaluar. La experiencia también me abre las puertas a los sueños por conquistar en el siguiente año.
El ejercicio siempre me resulta positivo, desde muchos aspectos:
- Reconocer que la vida, con sus dificultades, es una oportunidad de aprendizaje y crecimiento.
- Proyectar lo que quiero vivir el año siguiente. Vivir, diferente a lograr.
- En todo aquello que tenga métricas, como parámetros de salud (peso, glicemia, colesterol y otros), proyectar lo que quiero lograr. Y en lo profesional, los ejercicios de revisión de metas que seguramente todos practicamos con alguna regularidad.
- Notar lo que ha pasado en los últimos 5 y 10 años, para ver cuánto aún podemos vivir, mejorar y ser felices.
Así las cosas, pienso que la mejor manera de empezar el ejercicio, solos o con nuestra gente querida es agradecer.
Agradecer por el camino recorrido, por la vida que tenemos, por quienes nos han acompañado en los procesos.
Agradecer por la experiencia que acumulamos, por lo que dejamos ir después de aprender, por abrazar todo aquello que aún nutre nuestra alma.
Agradecer por la vida de los que se fueron, por nuestra persistencia y resiliencia por las batallas que libramos y por la capacidad de soñar que nos sostuvo para continuar.
Agradecer por los maestros que inspiraron nuestras acciones y estuvieron presentes en nuestras vidas, aún cuando no sabíamos que eran los maestros: nuestros hijos, nuestros familiares y amigos y varios colegas que desinteresadamente aportaron otras perspectivas a nuestras vidas.
Agradecer por el amor que dimos a través de servir a otros, enseñar y sostenernos en él cuando hubiera podido ser más fácil no hacerlo, agrediendo o abandonando.
Agradecer por quienes fuimos hace un año y quienes somos ahora, habiendo aprovechado muchas oportunidades que retaron nuestros conocimientos, experiencia y capacidad.
Y después de todo lo que podamos agradecer, ¿cómo realmente evaluamos el año?
- ¿Cómo o cuánto crecimos en cualquier área de nuestra vida?
- ¿Qué tipo de experiencias no volveremos a tener y cómo las evitaremos?
- ¿Con qué aprendizajes nuevos enfrentaremos el porvenir que aún es ilusión?
- ¿Qué relaciones protegeremos y cuáles fortaleceremos, siendo conscientes de lo efímera que es la vida?
- ¿Qué haremos diferente para continuar cultivando la triada mente, cuerpo y espíritu?
- ¿De qué nos sentimos orgullosos?
- ¿De qué flaquezas no nos dejaremos?
Reconocer aquello que no haya sido tan positivo en el año que termina, no deberá dar para fustigar nuestro ánimo, sino para avanzar con más consciencia sobre quiénes somos y las capacidades que tenemos para evolucionar y ayudar a que nuestro entorno también lo haga.
¡Que el 2026 sea un espacio de más cambios que nos lleven a crecer, desarrollarnos, aportar y seguir apreciando la felicidad de nuestra presencia en este mundo!
Si quieres recibir el contenido de mi blog directamente en tu correo, regístrate aquí:

