La energía del líder

Liderar demanda de nosotros cuidar la terna mente-cuerpo-espíritu cuya estabilidad es desafiada todo el tiempo por el entorno cambiante. ¿Qué podemos hacer para optimizarla tanto como podamos?

Desde la ciencia, sabemos que todo lo que queremos mover, requiere energía. El ser humano ha encontrado maneras de movilizar personas en largas distancias, por el aire, en tren, en barco, desarrollando motores y engranajes mecánicos, que producen la energía para mover vehículos.

¿Cómo es la energía de un líder? Sin duda, debe ser movilizadora. ¿Cuántos líderes conocemos que no movilizan? Nos vamos a las causas: “no estaba preparado”, “no es”… etc.

Cuando un líder no moviliza, puede estar ejerciendo baja influencia o tratando de imponer su pensamiento y acción con una fuerza superior a la de sus liderados, que crea resistencia. Tampoco lidera. No sabemos cuál es peor.

Alguien decía en una conferencia que los seres humanos somos como antenas, nos sintonizamos en las frecuencias en que queremos y estamos dispuestos a vibrar. Así, tenemos que vibrar en una energía alta y contagiarla a las personas de nuestro equipo. Tenemos que hacerlo conscientemente. Y aquí tenemos una diferenciación importante: nuestra energía y la del entorno.

¿De dónde procede nuestra energía? ¿Cómo la mantenemos alta? No es una labor fácil y además, requiere que tomemos decisiones conscientes a cada minuto. Es decir, que no podemos perdernos en el afán cotidiano, la tentación por las distracciones, ni descuidar nuestra maquinaria de producción, la terna mente-cuerpo-espíritu, como quiera que sea nuestra noción de espíritu y para facilitarla en este contexto, diré que el espíritu es el ente que aboga dentro de nosotros por vivir en nuestros valores.

Esta terna, tiende a desbalancearse a diario. Los procesos fisiológicos, se encargan de nutrirnos a partir de la alimentación que tomamos.

¿Cuánto somos conscientes de la alimentación que requiere nuestro cuerpo para estar nutrido y con las células haciendo toda la función que les corresponde? Creo que cuando tomamos alimento, nuestra imaginación pocas veces nos lleva hasta allá. No tener tiempo de pensar, decidir, planear y muchas veces preparar el alimento apropiado, puede obligarnos en el mediano o largo plazo, a no tener tiempo para producir o liderar. Muchas células en un órgano que no trabajan como deben, lo convierten en un órgano enfermo.

Ni qué decir del cuidado de nuestro sueño, reparador ante los agotamientos de extenuantes días. Y por último, pero no menos importante, la consciencia sobre nuestro cuerpo y mantener sus capacidades (movilidad, equilibrio, fuerza, tono) requiere de conocimiento y práctica regular terminando de dar forma a las energías obtenidas en los dos procesos ya mencionados. La mayoría de las personas que conozco, actúan sobre estos dos factores, una vez empiezan a tener problemas que los llevan al médico. Y no debería ser así.

La mente vive una dinámica de retroalimentación entre pensamientos y emociones. Pensamos algo que nos estresa y perdemos la cabeza cuando estamos en medio de una reunión, de la preparación de un documento o estudiando algo nuevo. Aquí, debemos reconocer que ambos nos acompañan todo el tiempo y que la concentración, una capacidad de la que nos hemos enajenado por tratar de vivir en mitos como la multi-tarea o la necesidad de ser imprescindibles para todo y para todos. Lo mejor que encuentro hasta el momento, es aprender a meditar. Y hacerlo si se puede, unas tres veces al día. Es centrar mente y emociones en el aquí y ahora. Tan fácil decirlo, como difícil lograrlo, si no empezamos ya a intentarlo… una y otra vez, aunque salga imperfecto.

¿Qué es imperfecto? Una idea pre-concebida, de que se debe lograr no pensar, pensar en blanco o sólo enfocarnos en la respiración todo el tiempo que meditemos. Error. Perfecto es entrenar la mente a diario en este proceso. Perfecto es lograr enfocarnos y concentrarnos algunos de los minutos de los que disponemos. Perfecta es la sensación de lo que sí logramos en ese tiempo y perfecta es la sensación de calma y auto-control con que terminamos el proceso cada vez que lo hacemos.

➡ Y en cuanto a espíritu, lo importante es saber cuáles son nuestros valores y principios. ¿Hemos hecho esa lista alguna vez? Para un ejercicio fácil, propongo listar diez valores primordiales para nuestra vida que podemos buscar para nuestras experiencias. El respeto, la solidaridad, la amistad, la honestidad por ejemplo. Y definir los principios como aquellos valores que no transaremos nunca en nuestra vida. La lealtad y la honestidad de nuevo. No me quiero adentrar en una discusión de qué es valor y qué es principio, no es el objeto de este escrito. Simplemente puedo decir que vivir a cada momento dentro de los valores y buscando que las experiencias nos los brinden, así como no transando nuestros principios, nos dará tranquilidad en el primer caso y satisfacción en nosotros mismos en el segundo. Y de repetir esto a diario, lograremos la coherencia que da tanta paz.

Todo lo anterior, no es un curso de Budismo Zen que sólo podemos ejercer en las montañas, lejos del mundanal ruido en que vivimos. La distracción, la presión por los resultados, el problema que salta de manera imprevista y que aparenta ser irresoluble alterará siempre esa paz. Así, tendremos que aprender a dominar las emociones que drenan nuestra energía en estos momentos, reconociéndolas y trabajándolas con inteligencia, para -con la práctica- convertirnos en inteligentes emocionales.

El dominio de todo lo anterior en el día a día, hará de nosotros esas personas de alta energía, que vistas desde afuera, muchas veces no sabemos cómo lo logran. Desde esta energía, nos será más fácil comunicar y contagiar a otros de las iniciativas que tenemos, concertar acuerdos, avanzar en proyectos, estimular la participación de los más apáticos. Abriremos nuestra mente en capacidad creativa y podremos analizar los problemas con mucha mayor objetividad, que inmersos en el caos que las situaciones adversas tienden a causar en nuestra mente.

Ejercer como líder pues, implica desarrollar maestría emocional para tener la energía de hacerlo en la máxima capacidad de nuestra terna mente-cuerpo-espíritu.

Me encantará saber qué retos estás teniendo para elevar tu energía, cómo has superado otros retos que la drenan y cómo impulsas a otros para que estén en lo mejor de sí mismos.

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