¿Quién quiere hacer algo para fracasar?
Ni ustedes ni yo, con seguridad.
No conseguir el objetivo que buscamos tal como lo habíamos imaginado es mucho más frecuente de lo que esperamos. El concepto de fracaso puede estar asociado a no conseguir una realidad totalmente igual a como la hemos imaginado. Esto puede derivarse de que el resultado perfecto no existe, sólo está en nuestra mente. Eventualmente algo medido en términos numéricos o delimitado con trazos definidos como una figura geométrica es perfecto. ¿Eso significa que un árbol con corteza irregular y hojas de variados colores es imperfecto? ¿Las formas de las nubes que no obedecen a una elaboración cuidadosamente prevista las hacen imperfectas?
Tanto como debemos cumplir métricas “duras” para evaluar periódicamente cómo va el negocio o el proyecto de turno, prepararnos para resultados imprevistos en nuevas iniciativas y proyectos, debe ser parte de nuestro arsenal de pensamiento.
Podremos adentrarnos en un nuevo proyecto con algunas ideas:
- El fracaso, siempre será uno de los posibles resultados
- Resultados no contemplados, harán parte de la experiencia… probablemente, sean el camino
- Si los resultados son adversos, hemos aprendido que por ahí no es
- Un fracaso o un resultado adverso, se debe constituir en la línea de partida de las nuevas acciones que buscan el objetivo original o un replanteamiento de objetivo
Vivir una experiencia de innovación, adentrarnos en un nuevo proyecto, teniendo en cuenta los cuatro puntos anteriores, supone el trabajo en dos frentes: emocional y operativo. Así, propongo lo siguiente:
En el aspecto emocional:
Incluir la aceptación y la resiliencia como parte del libreto para decidir emprender nuestras acciones.
La aceptación de los cuatro puntos anteriores, hará que las frustraciones y furias ante los resultados adversos se sientan con menor fuerza y duren menos, permitiéndonos retomar hacia construir las nuevas líneas base y los nuevos objetivos si ese es el caso.
Y la resiliencia, esa virtud de saber que no conseguimos lo que queríamos, pero que estamos dispuestos a salir de nuevo a encontrar otro camino, sin apartar de nuestra mente los cuatro puntos, es un círculo de progreso que debemos alimentar.
La actitud de aceptación y resiliencia nos dará claridad a nosotros mismos y a quienes nos rodean, de que queremos trabajar con ahínco y que necesitamos sus aportes desde dentro del proyecto. Nos da la oportunidad de integrar sus perspectivas para minimizar la posibilidad de avanzar con nuestros propios puntos ciegos. Siempre los tendremos.
En el aspecto operativo:
Las posibilidades de lo que llamemos fracaso, deben estar estudiadas, sopesadas a nivel de riesgo e impacto y los planes de acción, medianamente previstos (no en total detalle porque no sabemos realmente cuáles son los riesgos que van a ocurrir), para levantarnos rápida y objetivamente hacia el siguiente camino. Rápidamente, porque un plan nos dará la carta de navegación ya que no tenerlo es volver a arrancar de cero, lo que aumenta los tiempos, costos y frustraciones. Y objetivamente, porque un plan que estuvo previsto antes del resultado adverso, con seguridad tendrá componentes más objetivos y realistas que uno hecho en el momento de la efervescencia emocional que aconsejo abordar mediante la aceptación y resiliencia. Sin embargo al ser un trabajo emocional, no sabemos en cuánto tiempo lo podremos lograr (para nosotros y para las personas del equipo).
No me resta sino recordar que en los entornos de desarrollo de emprendimientos, se le insiste a los emprendedores que fracasen rápido. Esto es aplicable a cualquier proyecto que queramos abordar. Fracasar rápido es aprender rápido y eso necesitamos.
Quisiera conocer tu experiencia convirtiendo un fracaso en parte del camino y en aprendizaje.
Si quieres recibir este boletín en tu correo electrónico, suscríbete aquí: