Bogotá, Transmilenio (el sistema bogotano de transporte masivo), cualquier día de la semana de cualquier año. Entre 5 y 7 de la mañana, personas espichadas unas contra otras para lograr subirse en el siguiente bus. Ceños fruncidos, rostros perdidos en el celular, actitudes temerosas de los robos a los que nos podemos someter en esta experiencia de roce…. «social”.
Mucho antes nos habíamos levantado con la sensación inagotable de que no iba a alcanzar el día y aún no son las 8 y ya la estamos sufriendo. ¿Para qué? Para llegar a la oficina a hacer la lista interminable de tareas por hacer hoy. Muchas citas y llamadas se cumplen. Muchos correos esperan en nuestro buzón y una hora sin leer los mensajes del celular, acumula no menos de 100 mensajes esperando por nuestros ojos, que ansían la siguiente tarea de trabajo o el meme que nos hará reír.
Una presión inexorable por los resultados del mes, que traemos al día de hoy. Una sed por cumplir con las tareas y por salir airosos del estrés, así sea por un par de minutos hacia la red social de nuestro gusto.
Hay temas que requieren planeación, asuntos que demandan debate, materias por estudiar para innovar en nuestra industria y crecer el negocio. Todos ellos requieren más de minuto y medio, lo que las redes sociales configuraron para que los carruseles que publicamos en ellas sean “admisibles” o relevantes. Y el llamado es entonces, a discernir entre los asuntos -casi siempre tácticos- que debemos atender y los que aportan a nuestro largo plazo profesional o a la estrategia de crecimiento de la organización. El tiempo de dedicación y profundidad, deben hacer parte del criterio de priorización, para garantizar que fortalecemos nuestros perfiles y la competitividad de la organización.
Tenemos que encontrar espacios en nuestras agendas para las labores complejas que demandan más tiempo y profundidad que las cotidianas, como estudiar materias que fortalecen nuestro perfil, hacer prácticas que nos hacen maestros en una disciplina, o definir una estrategia con pasos, responsables y metas claras.
Tengamos cuidado con estas tareas que requieren foco y concentración, para que su programación y ejecución no sucumba a la velocidad que asumimos a diario, por el “sometimiento” cada minuto a cinco fuentes de información (cualquier cantidad), a la ley de la interrupción que hemos integrado como hábito o a suponer que los asuntos por debatir, serán correctamente tratados y concluidos cuando nos conformamos con asignarlos a tres colegas que nos cruzamos por el pasillo, en tres minutos a cada uno.
Nuestro balance, estará en optimizar la planeación que combina lo que requiere reflexión, profundidad y conciencia con el cumplimiento de lo táctico y rutinario. Los resultados de no balancear con discernimiento pueden llegar en lo profesional a un estancamiento de carrera y en lo organizacional, a hacer una estrategia pobremente ejecutada que nos reste competitividad, hasta incurrir en el costoso reproceso de asuntos complejos asumidos a la carrera, al haberlos abordado con los criterios de inmediatez que ahora parecen gobernarnos.
Dedicar tiempo «de más calidad y menos afán» a la estrategia, su revisión, a una planeación con criterio y foco y a actividades que fortalezcan nuestros perfiles, no será en vano: El tiempo y costos invertidos en obtener claridad mental y entendimiento, es sin duda menor y crea menos impacto negativo que aquél que destinamos a corregir el resultado de las acciones ligeramente pensadas. Disciplinándonos en esto -como en todo- elevamos la calidad de nuestros perfiles profesionales y mantenemos a nuestra empresa a la vanguardia en el mercado.
Si quieres recibir el contenido de este blog, directamente en tu correo electrónico, suscríbete aquí: https://gloriacuberos.com/boletin/