Sobresalir también asusta (aunque nadie lo diga en voz alta)

Miedo a sobresalir

¡Ya llevamos dos miedos! Si no has leído los artículos anteriores, puedes consultarlos aquí: https://gloriacuberos.com/miedo-en-el-liderazgo/ , https://gloriacuberos.com/decir-lo-que-pensamos/ y https://gloriacuberos.com/para-que-ensayar-algo-nuevo/ .

Un miedo difícil de identificar es a sobresalir. Nos cuesta trabajo reconocerlo, porque nuestra lógica nos dice que sería deseable sobresalir y nuestra primera reacción cuando sospechamos que no queremos hacerlo, es negarlo. Sin embargo, los miedos, no reconocidos, nos evitan todo aquello que implica sobresalir, como estar en el foco de opinión de otras personas, asumir responsabilidades, “traicionar a otros” y hasta confrontar nuestra autoestima.

Miremos algunos orígenes de estos miedos:

 

    • Sobresalir consistentemente hará visible nuestra actividad y forma de pensar y generará opiniones acerca de las decisiones que hemos tomado, los resultados que obtuvimos y nuestras actitudes. Se requiere inteligencia emocional para aceptar la crítica, evaluarla y ponerla en la justa dimensión que nos permita alimentar nuestro criterio para actuar en el futuro.

    • Sobresalir también implica asumir responsabilidades frente a ese personaje cuya visibilidad estamos construyendo (nosotros a través de nuestro liderazgo). Y puede ser que nos resistamos a asumirlas por miedo a fallar en asuntos más grandes o por la simple pereza de hacer aquello que nos ponga en la mira de otros. Esta actitud tiene el costo asociado de perder la confianza de quienes nos rodean y estancar nuestro progreso profesional, ya que pronto, nuestros colegas notarán que no deseamos ser visibles y no nos darán responsabilidades. 

    • Eventualmente y por circunstancias pasadas, habremos hecho “pactos silenciosos e inconscientes” con encajar en el promedio de quienes nos rodean, que tampoco sobresalen porque están enredados emocionalmente en situaciones similares. Aclaro, no todos tenemos que sobresalir pero sería ideal que sobresalgamos en aquello en que somos buenos y nos gusta. Y a veces, ese pacto de no sobresalir puede ser con alguien de nuestra familia: no nos damos permiso de ser mejores que alguno de nuestros padres o hermanos, hay alguna sensación subyacente de traicionarlos. Debemos cuestionar estas lealtades porque no son muy evidentes a nuestros ojos y claro, también debemos procesarlas en su justa dimensión. Mi madre pudo ser una profesora sobresaliente y yo podré ser una pastelera sobresaliente. Tengamos en cuenta que la lealtad no se refiere al mismo tipo de éxito sino al hecho de sobresalir.

    • Y por último, puedo mencionar nuestra autoestima. Es difícil aceptar que nuestra autoestima tenga debilidades. Por eso, de vez en cuando podemos revisar qué imagen tenemos de nosotros mismos y comprender cómo el trabajo que hacemos merece el anhelado reconocimiento del que estamos huyendo. Podemos sobresalir sin ser arrogantes, sin atropellar y alimentando al que llamo nuestro ego positivo (hablaré de este en otro artículo), el que aporta a los objetivos y se refuerza para continuar por el camino de los desafíos profesionales. Esto es lo opuesto a fortalecer el ego negativo y aplastante que crea una imagen de inalcanzabilidad por parte de los demás, que hace difícil la construcción de equipos de trabajo armónicos y su liderazgo.

Entonces, encontremos aquello en lo que queremos y podemos sobresalir. Y hagámoslo con el mayor compromiso con nuestro éxito para crecer en nuestra experiencia, aumentar nuestra visibilidad y reconocimiento y poner un peldaño más al ego que nos impulsa por el camino del logro.

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