Rápido e inmediato

La velocidad del mundo parece implicar que debemos tomarle el ritmo. Sí, debemos aprovecharla, pero no someternos a inmediateces que biológicamente no estamos preparados para cumplir.

Este siglo, con el advenimiento del internet masivo, las búsquedas personalizadas y las redes sociales, por mencionar los aspectos más sobresalientes de inmediatez que impregnan nuestro día a día, compramos sin remedio los paradigmas de que todo es para ya y podemos ser multi-tarea

Aquí nos tenemos que devolver a la biología y física que conocemos. Anatómicamente nuestra mente y las capacidades biológicas que la soportan no pueden hacer bien dos cosas a la vez. No se puede contestar un correo electrónico mientras pienso qué voy a pedir de almuerzo al restaurante de la esquina, ni puedo darle instrucciones específicas a alguien para que haga una tarea de alto cuidado mientras me amarro los zapatos. Inclusive, cuando manejamos el carro, podemos hablar con personas, pero al terminar la conversación , es seguro que recordaremos lo global de la misma, pero no detalles.

Cuando hablo de lo irreal que es aceptar el YA como paradigma, me refiero a que las velocidades de transmisión de datos por las redes soportan nuestro intercambio de información con otros, se ha aumentado aproximadamente 3393 veces en 25 años (190Mbps de hoy / 56Kbps de finales de 1999), haciendo gala de la ingeniería con que trabajé por 35 años. Y la velocidad de un procesador de equipo de escritorio en 1999 podía ser de 500Mhz mientras que hoy, la de un procesador de equipo portátil es de 4,500 Mhz, es decir, 4,5 Ghz.

Adicionalmente, hace 25 años no era viable que yo me transladara entre lugares con mi equipo de cómputo, los pocos portátiles que había, eran incargables y los celulares, aún no eran inteligentes. Si yo llegaba a la oficina de un cliente y no había llegado a la cita, es posible que yo realmente perdiera tiempo esperando a que llegara. Hoy, con celular y portátil a la mano, sí puedo adelantar trabajo, pero no avanzar dos situaciones que demandan mis habilidades al tiempo, está en el terreno de la ciencia ficción.

La evolución tecnológica que nos ayuda a procesar asuntos más rápido y a estar en línea casi todo el tiempo… leía por ahí que hoy, la desconexión es el verdadero lujo, ha contribuido a que nos impongamos la respuesta inmediata imposible por lo descrito anteriormente y aceptamos esta imposición como el imaginario de vida que al final de cada día no cumplimos, quedamos exhaustos y frustrados con la inacabable sensación de que el tiempo no alcanza. Adicionalmente, después de muchos meses de trabajo en esta sintonía,  los efectos del cortisol y hormonas asociadas de estrés, nos pasan la factura con reposo ordenado por el médico (supliendo los múltiples descansos que libremente podríamos haber tomado), de cuatro semanas y puede ser que ingiriendo medicamentos.

Entonces, más que una reflexión sobre temas que ya todos conocemos, este es un llamado a:

  • Aceptar que nuestros mecanismos biológicos, aunque trabajen en paralelo para mantenernos vivos (corazón, respiración, nervios, cerebro, etc.) nuestra mente, resuelve en serie, una cosa después de otra.
  • A nuestra mente le inquieta todo lo no resuelto. Aquí es donde debemos aprender técnicas y convertirlas en hábitos para administrar nuestro tiempo a través de un calendario dará paz a nuestra mente siempre que disciplinadamente asignemos en él, tiempo a las tareas por resolver. Y aquello que aún no pueda quedar en el calendario, puede quedar en una lista de asuntos por resolver que podré consultar cuando menos una vez a la semana, asegurándome así de no olvidar mis pendientes y de que ya los pondré en el calendario a su debido tiempo.
  • Comprendiendo los afanes y urgencias de nuestro trabajo, invito a que no agendemos 8 horas completas. Pueden ser 6 o 7, para tener una hora que me permita resolver lo urgente e inaplazable que pueda surgir inesperadamente. Así, podremos ayudar a un compañero que nos necesite, o resolver dudas de un cliente, sin dejar de hacer lo que habíamos previsto para el día, evitando la sensación de no terminar nuestras tareas por ayudar a otros.
  • Hablando de ayuda a otros, revisemos las creencias con las que disolvemos nuestra programación del día. Aceptamos la interrupción y aplazamos nuestra programación, porque la solicitud de alguien levanta alarmas sobre nuestros valores “si no lo ayudo, pensará que no soy responsable”; “yo tengo más jerarquía que él, debo responder aunque esté ocupado”, etc. La responsabilidad es un valor en el que debemos vivir, claro, pero no es irresponsable negociar cuándo resolveré una solicitud que en este momento me está interrumpiendo.
  • Por último, recomiendo como siempre, meditar a diario. Como ejercicio que fortalece el músculo mental de ocuparse aquí y ahora, de lo que ocurre aquí y ahora. No son pocas las veces que me he sorprendido a mí misma, en un módulo de auto-estudio, con mi mente vagando por las vacaciones que inicio la semana entrante o a personas en reunión, haciendo presencia física y pensando -por ejemplo- en si los niños habrán llegado del colegio o no, aunque la logística haya sido organizada de antemano y las rutinas se han cumplido por años. Pero, la mente es así. Y tenemos que educarla.

Buen provecho, menos cortisol cambiando paradigmas equivocados y más control de nuestra mente en tiempo real. La velocidad de los sistemas de información no es para que la equiparemos. Es para que ellos nos ayuden a resolver problemas con más rapidez, para que nos dediquemos a lo humano de liderar, a lo estratégico de perdurar y por supuesto, a cuidar más de nosotros mismos.

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