Disciplina… ¿para qué?

Disciplina es algo que no solamente utilizamos para conseguir resultados corporativos, ascensos y remuneración. Cuidar de nosotros mismos para ganar satisfacción en nuestras vidas, también la requiere.

Es difícil dar el nombre a un artículo sobre disciplina, porque tengo la sensación -ustedes me dirán- de que socialmente nos resistimos a hablar de la disciplina que tenemos que tener para conseguir cualquier cosa.

Entiendo muchas razones por las que queremos comportarnos como si la disciplina no fuera con nosotros. La volvimos parte del pasado correspondiente a los correctivos que tomaron profesores y padres cuando nos comportábamos de formas no esperadas, socialmente reprobadas.

¿Vendrá de la vida escolar? Tanto en primaria como en secundaria, las personas encargadas de los asuntos disciplinarios del colegio, eran mujeres altas, de rostro cerrado (ceño fruncido, sin sonrisa y mirada fija) y cuando veíamos que enviaban a alguna compañera a hablar con ellas, sabíamos que habría problemas. No tengo recuerdos ni experiencias desagradables con ninguna de las dos y lo que quedó en mi mente es que podría ser tenebroso faltar a las normas del entorno. Pero no me soñaba yo entonces, que todo lo que yo verdaderamente quería, necesitaba disciplina.

Un asunto difícil de hoy, en nuestra vida adulta y profesional, es dedicarnos a trabajar, afanosa e incansablemente persiguiendo muchos sueños que nos hemos trazado en función del reconocimiento y la remuneración corporativos, dejando de lado disciplinas humanas esenciales: el desarrollo de habilidades blandas, útiles en territorios más allá de la vida corporativa y el cuidado de nosotros mismos en otros aspectos de la vida (bienestar físico y relaciones interpersonales, por mencionar algunos). Parecería que la disciplina fuera la herramienta para conquistar reconocimientos y remuneración, pero nada más.

Así, transcurre la vida hasta el momento en que nos preguntamos por su significado para nosotros o por el sentido de para qué vivimos. Sabemos que encontraremos sentido adicional en nuestras vidas, agregándoles una afición, interacciones frecuentes con las personas que están en nuestras vidas y hasta tomando acciones sobre nuestro bienestar físico para sentirnos mejor.

Dar significado a nuestra vida por el valor que aportamos a una empresa, obteniendo como retorno el dinero para sostener a nuestras familias es poco para la mayoría. ¿Por qué? Porque hay otras necesidades que siguen siendo desatendidas y cuando nos cuestionamos por qué, nos respondemos con falta de tiempo, falta de capacidad o habilidad y muchas veces, temores sin fundamento, como no querer hacer el ridículo si se trata de practicar un deporte o un arte. La verdad, es que nos falta disciplina. 

Ahora, veamos de dónde puede partir la disciplina.

Primero, de tener un objetivo claro. El objetivo en sí mismo no es lo deseado, sino las emociones que nos hará sentir el objetivo cumplido.  Querer reducir 10 kilos, no es en realidad mi deseo. Mi deseo es sentirme bien con una figura más estilizada que la que tengo ahora. Mi deseo es sentir que no necesito comprar ropa porque me salí del peso adecuado a mis otras dimensiones corporales. Mi deseo es sentirme con más energía porque físicamente soy más liviana para moverme. Si no son claras nuestras motivaciones emocionales, será útil hacer una lista de cómo nos queremos sentir obteniendo el objetivo.

Segundo, tomar conciencia de nuestras trampas de auto-sabotaje. La primera, la gratificación de corto plazo. Quiero reducir 10 kilos pero tengo enfrente el postre que más me gusta y además me recuerda a mi abuela que lo preparaba cuando yo iba a su casa. El placer inmediato y las asociaciones afectivas hoy -por mencionar dos posibilidades- me pueden hacer sucumbir rápidamente a la tentación. Y una sucesión de varios hechos como este, al cabo de unos días me llevan a la conclusión de que soy incapaz. Empiezo a construir un ego de persona incapaz de adelgazar. Sucumbo a la frase limitante de “yo soy así”.

Tercero, eliminar el concepto de que soy o no soy disciplinado. No es blanco y negro, como es común evaluar el mundo. Porque, si el mundo es binario y no he tenido la disciplina de “romper con las papas fritas por un par de meses”, me auto-clasifico inmediatamente en la categoría de los indisciplinados, además de los incapaces del párrafo anterior. ¿Qué tal cambiarlo por “estoy en el proceso de adquirir la disciplina de….” la acción que me conduzca al resultado? Un día podemos flaquear, claro. Lo importante será notarlo y corregir el rumbo al día siguiente, todas las veces que sea necesario hasta que lo logre.

Cuarto, la aceptación de un proceso por seguir, con resultados que se logran poco a poco, nos dará la paciencia de vivir un día a la vez, en cuanto a esa disciplina se refiere. Un apoyo importante de reconocimiento, será hacer una nota diaria de progreso: “Hoy me vencí a mi mismo, declinando un postre”, o “haciendo 10 minutos más de caminata”. Todo cuenta, el ser humano es un ser de hábitos. 

Quinto, transformar al monstruo interior que aparece cuando nos comparamos con otros que han logrado lo que nosotros queremos. Si nuestros compañeros, colegas o amigos son nuestros referentes y nos vemos demasiado lejos de ellos, podemos -a conciencia- decidir si nos quedamos sintiéndonos muy pequeños, o por el contrario, nos equiparamos a ellos reconociéndonos como seres con las mismas capacidades físicas y cognitivas y por lo tanto sabremos que tenemos todo para lograrlo

Sexto, reconocernos y recompensarnos. El primer kilo puede ser el más difícil. No será bueno recompensarnos con una torta de chocolate, pero sí con una prueba del ponqué el día del cumpleaños de una persona especial. Y si fuera con un alimento de los permitidos en la dieta pero preparado de manera especial, cuánto mejor.

Séptimo, recordar que cada minuto desperdiciado en la vida, se fue. Así, un día de flaqueza, deberá ser compensado al día siguiente. Muchas cosas las lograremos después de intentar lo mismo varias veces. Pero será prudente, después de intentar lo mismo varias veces y no lograr algo, cambiar la acción. Y volver a intentar. El tiempo no necesariamente debe ser el factor de presión y menos cuando no estamos hablando de compromisos corporativos. El compromiso con nosotros mismos es el de ser mejores un día a la vez

La disciplina es un conjunto de pequeñas decisiones que tomamos todo el tiempo con dos tipos de motivaciones: Del mediano o largo plazo, que es como me quiero sentir cuando logre mi objetivo y del corto plazo -hoy- será lo que hice o evité hacer, dando pasos para conseguir mi objetivo. Disciplina para entrar en esa nueva afición, para hacer algo que fortalezca una relación, para alimentarme mejor. ¡Para lograr una vida con más satisfacciones!

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