La comunicación rápida es una de las maravillas del momento histórico, para resolver dudas con agilidad y hacer acuerdos con prontitud.
La mensajería instantánea, hoy tan popular en nuestro medio -utilizando WhatsApp, por ejemplo- idealmente facilita la sintonización para comunicar ágilmente el avance de una situación o pedir ayuda cuando se trabaja en equipo. Digo idealmente, porque a diario incurrimos en no estar sintonizados. Así las cosas, muchas conversaciones que intentan comunicar, que se leen a medias, se entienden a medias, se responden a medias, terminan… en hechos a medias.
¿Cómo pasa eso? El mal de velocidad de este siglo imprime en nosotros un sentido de urgencia que impide decidir a conciencia o comunicar con sentido, dos elementos que deberían ser nuestra intención durante el proceso de leer, entender la idea y el contexto, pensar y decidir y finalmente, responder.
Cualquier chat, por su forma de operar, es asincrónico. Es decir, no tenemos control sobre el tiempo en que otro lee, piensa y responde nuestras preguntas. Así, un tema de conversación se puede desarrollar en el chat grupal durante horas o días completos y retrasa conseguir acuerdos porque interactuamos en el grupo de forma intermitente.
Ahora bien, cuando nos toca el turno de responder, leemos rápido, con un ojo en el chat y otro en otra actividad, aspirando a contestar rápido, más con la intención de asegurar que no tenemos pendiente una conversación más que de resolver. No nos damos cuenta porque nuestro condicionamiento mental es el de cumplir con la lista de pendientes, que es cerrar la conversación del grupo en lo que nos corresponde, aunque la mayoría de las veces, no estamos tan involucrados como para asegurarnos de que estamos entendiendo y haciéndolo a conciencia.
Y contestamos sin enfocarnos en el mensaje y el contexto. Y es entonces cuando preguntamos, algo que ya se había dicho unas horas antes, preguntamos qué tenemos que hacer nosotros -ya que no leímos el contexto completo de la comunicación- o simplemente contestamos las frases que se ven en nuestra pantalla, dando una respuesta descontextualizada y sin sentido.
Una conversación intermitente por la naturaleza asincrónica de la mensajería instantánea, nos lleva a conversaciones más lentas de lo deseable, ya que -como dije- no podemos controlar el momento en que otros contestan.
Así, nuestra disciplina para lectura y respuesta de grupos, puede ser la de leer, con ambos ojos y todos los sentidos, claro. En caso de no entender, recomiendo ir hacia atrás en busca del contexto y si algo le falta a éste, preguntar por interno a quien haya dejado cosas en el aire, por las aclaraciones que nos faltan a nosotros, para poder responder con autoridad y conciencia. La conversación por interno en este caso, evita confundir a los que ya entendieron. De esta manera podemos ayudar a sostener la armonía de una comunicación fluida, como opuesto a la comunicación desconectada y mal entendida que nos quita confianza y el preciado tiempo con el que veníamos contestando de afán.
Algunas consideraciones adicionales:
- Cuando alguien lanza una pregunta en el chat, es ideal que la respondamos antes de continuar con otros temas. Esto reduce el entrecruzamiento de conversaciones, que desconecta aún más a las personas y resta energía a nuestra voluntad de entender y seguir el hilo de lo que se discute.
- Pero, si tenemos que decir algo inmediatamente (OJO, evaluar la necesidad porque muchas veces nuestra inmediatez es más un impulso que una necesidad real), y definitivamente no podemos responder la pregunta, indiquemos que no podemos responder a la pregunta y continuemos con nuestro tema. Así, al menos quien preguntó no se siente ignorado y todos sabrán que no podemos contribuir a resolver esa inquietud. Una pregunta no respondida, siempre deja una energía de no atención o no relevancia para quien preguntó y para quienes notan la falta de respuesta.
- En lo personal, prefiero no intercambiar comentarios, opiniones o retroalimentaciones sobre documentos por este medio. El intercambio de ideas sobre documentos es complejo y el recurso de la mensajería instantánea como su nombre lo indica, nos puede conducir a bajo entendimiento y bajo involucramiento con el proceso, dejando…. cosas a medias. Se requiere de mucha conciencia, atención y voluntad de hacerlo bien, por parte de todos, para que esa comunicación genere satisfacción antes que malentendidos y frustración.
- De manera general, recomiendo que los asuntos complejos, que requieren decisión, deliberación o debate, o involucran emociones difíciles, se aborden por mecanismos sincrónicos (llamada, videoconferencia), facilitando el control de la respuesta, la resolución de malentendidos de ideas o de emociones.
Parecería obvio pero no lo es, porque pasa todos los días, que una situación crítica, manejada por individuos conocedores de sus materias, expertos y competentes, que gustan de las cosas bien hechas, se convierten en resultados a medias por diversas grietas logradas a través de la comunicación por mensajería instantánea. Instantáneo es como llega el mensaje al dispositivo de quien lo recibe pero nuestra pretensión de ser instantáneos está matando la robustez de los resultados que queremos obtener.

