Proactividad II – La decisión es apenas el comienzo

Algunas personas nos comunican sus decisiones, pero el sólo hecho de contarlas no implica que las ejecutan o que se logra todo lo deseado por haberlo expresado. ¿Qué falta? ¿Cómo desde nuestro liderazgo movilizamos a la acción?

En la primera parte hablé de cómo formar personas que piensan, proponen, debaten y deciden por sí mismas. https://gloriacuberos.com/proactividad-i-formar-personas-que-piensan-y-deciden/ . Pero he visto muchos equipos donde la gente ya se atreve a decidir y, aun así, la proactividad se queda a medias. Es importante reconocer que decidir es apenas el arranque. Sin embargo, ahí estamos en la mitad del camino. ¿Qué tenemos que hacer para verdaderamente llamarnos proactivos? En este  artículo veremos qué implica llevar la decisión a la práctica, reconocer lo logrado, corregir a tiempo y convertir la experiencia en aprendizaje.

Estos son los cuatro puntos que cierran el ciclo de la proactividad:

Actuar: Aquí las personas deben estar dispuestas a encontrar el tiempo para llevar su decisión a cabo y, cuando las acciones involucren a otros, tener la capacidad de convocarlos. Sobre todo al innovar o al estudiar para empezar cosas nuevas, las personas se limitan, obedeciendo a las prioridades a las que están acostumbradas. Está en nosotros, los líderes, orientar esa priorización en función de los objetivos del área y de la persona, como parte de estimular su desarrollo.

Celebrar: Muchas personas proactivas no se dan cuenta del valor que aportan. Pasan de un triunfo a otro y sólo celebran cuando el área, o quienes depositan su confianza en ellas, ven lo que han logrado. Como líderes no debemos dejar pasar estas oportunidades de reconocimiento y, muchas veces, conviene invitar a las personas proactivas que inicien ellas mismas la celebración, diferenciando el reconocimiento de la arrogancia. Hay quienes se inhiben porque aprendieron a no apropiarse de sus triunfos en público, confundiendo esto con humildad.

Corregir: Ser objetivos ante lo que no sale como se planeó y pedir ayuda a tiempo cuando se requiere. Muchos proyectos fracasan cuando las personas esconden los errores bajo el tapete: descubrirlos tarde hace que el rumbo se corrija tarde. Es ideal construir entornos seguros y dinámicas de equipo apropiadas para que -con base en la evaluación de los resultados- se analicen los hechos y se definan acciones correctivas. Cuando hablo de dinámicas apropiadas, me refiero a aprender a no juzgar a las personas por las decisiones que toman o ejecutan sino a estimular la participación abierta y activa de la que venimos hablando.

Aprender: Las organizaciones que aprenden, construyen, evolucionan y se vuelven sostenibles. Cada situación o proyecto finalizado no da solo para que quien lo hizo o lideró aprenda, sino para que comparta sus aprendizajes con otros. Transmitiendo lo aprendido se construye el capital de conocimiento que podrá convertirse en muchos casos en el conjunto de buenas prácticas que caractericen a la organización y la diferencie de sus competidores. No es tema de este artículo, pero es recomendable adoptar la Gestión del Conocimiento para construir este capital.

Ahora bien, cada uno de los profesionales que tenemos a cargo está en un momento y un proceso diferentes. Nuestra capacidad de observar, preguntar, escuchar y orientar es fundamental para educar en proactividad y sostenerla. Se hace a diario, se reflexiona a diario, se cuestiona y se aprende a diario.

¿Cómo? ¡Los leo en los comentarios!

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