Hemos dicho en muchas ocasiones cuánto resaltan y convocan los líderes cuando son coherentes. Y a la vez, si caemos en reflexiones sobre nosotros mismos, con frecuencia notamos situaciones que hemos manejado con incoherencia.
¿Cómo llegamos a ser coherentes? Logrando consciencia de quiénes somos nosotros mismos aquí y ahora, en cada momento y frente a cada situación que vivimos. Muchas veces no es fácil, veamos por qué:
- Somos seres de hábitos, los hemos aprendido por diversas razones: para no tener que pensar cada vez que vamos a hacer una cosa, cómo se hace. Nos ahorra tiempo y esfuerzo. Es posible que simplemente estemos operando en automático, bajo la comodidad de nuestros hábitos más que sobre decisiones pensadas que reflejan nuestros principios, valores y la propia evaluación de la situación que tenemos en frente.
- Vivimos en un contexto social que opera bajo normas tácitas y explícitas que hemos aceptado y pocas veces cuestionamos. Es muy fácil acogernos a lo pre-establecido. Como en el caso anterior, cuestionar y transformar requiere esfuerzo. Recordemos que por diseño, tendemos a la pereza: el cerebro necesita más glucosa para tener más energía para pensar y cambiar su forma de operar. Estamos diseñados para hacer más con menos. Así que cambiar algo, requiere esfuerzos conscientes de pensamiento que demandan uso de esa glucosa.
- Las emociones juegan un papel muy importante y frecuentemente ignorado en nuestras vidas. Nuestra memoria al momento de liderar, está llena de casos en que fuimos exitosos y de experiencias que nos causaron desagrado y frustración. Inconscientemente intentamos repetir aquellas que fueron gratificantes o evitar las frustrantes, sin considerar que estamos viviendo momentos diferentes, con personas diferentes y con seguridad, buscando objetivos diferentes.
- Quienes nos rodean y son liderados por nosotros, tienen las mismas dificultades que cité en los puntos 1, 2 y 3 consigo mismos y si son inconscientes, será nuestro trabajo concientizarlos y movilizar los cambios.
.
¿Será tan fácil?
Recomiendo, la receta no será exhaustiva, pero sí exitosa en muchas ocasiones, lo siguiente:
- Practicar a diario la aceptación. La aceptación de lo que no podemos cambiar, de lo que está fuera de nuestras manos y de lo que sí está en nuestras manos. Con estas claridades, podremos tomar decisiones objetivas y razonadas. No aceptar una circunstancia implica sucumbir a las emociones que nos produce, constructivas o destructivas y en muchos casos, enceguecedoras. Así, es muy difícil que nos veamos a nosotros mismos en el momento para poder gestionar lo que sí podemos cambiar.
- Evaluación consciente de nuestro ego, ojalá en el momento en que debemos actuar, para asegurarnos, bajo la sombrilla de la aceptación, de que estamos tomando decisiones con el criterio del bien de la mayoría de personas a quienes afectamos con nuestras decisiones. No desde las definiciones de nuestro ego, que nos lleva por el camino de lo que “ya sabemos”, la zona cómoda o conocida, la imposición, el bajo cuestionamiento, o el temor de repetir fracasos anteriores.
- Tiempo: no permitir que la impaciencia o la presión de otros por nuestras decisiones, nos lleve a decidir irreflexivamente y con rapidez. Es cierto que cuanto más práctica tengamos en aceptar y reconocer nuestro ego, más pronto podremos actuar en corto tiempo. Pero si la situación es compleja y amerita contrastarla con nuestros valores para decidir lo mejor, será importante salirnos de la rutina, aceptar, considerar los aspectos relevantes de la situación y luego sí decidir. De lo contrario, actuaremos impulsivamente y no siempre lograremos la coherencia buscada. Es importantísimo tomarnos tiempo fuera del área de fuego, para recargar nuestra energía y de paso nuestra creatividad, la que nos permite llevar las soluciones más allá de nuestra costumbre.
Y por último, ¿cómo ayudamos a nuestros liderados a ser coherentes también? Encuentro, como en las buenas prácticas de comunicación y de liderazgo, la mejor herramienta posible: hacer las preguntas abiertas, relevantes, que inviten a la curiosidad, a la reflexión y a la creatividad, buscando que cada uno desde su lugar, aporte soluciones diferentes a las de siempre. De eso se trata la posibilidad de enriquecer la discusión y de construir nuevas soluciones en coherencia.
La coherencia requiere la práctica de conocernos a nosotros mismos y auto-evaluarnos frente a la circunstancia que estamos viviendo. Mientras adquirimos esta consciencia y capacidad de auto-evaluación semi-instantánea, podemos registrar a diario cómo fuimos o no coherentes en el día, para hacerlo mejor una siguiente vez.
Si quieres recibir contenido de valor en tu buzón de correo, regístrate aquí:

