Si comunicar es el arte de intercambiar ideas y compartir significados a través de este intercambio, la comunicación ideal es aquella que construye… ideas más amplias, acuerdos, objetivos, sueños, proyectos, etc. El diálogo ideal consiste de una participación intercalada de conversaciones, donde las partes se escuchan mutuamente y se consiguen objetivos comunes.
No siempre sucede. Me quiero referir a la interrupción, que es una palabra que por sí misma, tiende a tener un significado negativo cuando hablamos de comunicación eficaz. No todas las interrupciones son malas y por eso, quiero hacer consciencia sobre las motivaciones y momentos para interrumpir.
La interrupción que interfiere con el propósito del interlocutor, es una irrupción reactiva de nuestra parte, que puede provenir de situaciones como las siguientes:
- Lo que dice la otra persona, dispara una emoción en nosotros, que en lugar de reconocer y gestionar, reaccionamos
- Estamos metidos en nuestro diálogo interno, sin poner mucha atención y con esta baja consciencia, queremos llevar la conversación hacia nuestro punto de vista o conclusiones anticipadas
- El tema de la conversación nos interesa poco y tenemos premura por acabarlo, así que interrumpimos, de alguna manera agrediendo a la otra persona
Anoto: que se presente cualquiera de las situaciones anteriores, no indica una voluntad deliberada o consciente de agredir al otro. De ahí la importancia de hacernos conscientes de que esto puede suceder.
Sin embargo, si en cada conversación en que participamos, vamos en búsqueda del “diálogo ideal” la primera invitación que hago acá es a escuchar activamente, es decir, permitirnos el tiempo de estar en la conversación, apagando nuestro diálogo interno para poder poner la atención debida en las perspectivas del otro y ahí sí, poner nuestros puntos de vista sobre la mesa.
No descarto que algo despierte emociones en nosotros como para reaccionar. Parte de la escucha activa es aprender a reconocer nuestras emociones mientras el otro habla, de manera que, si vamos a reaccionar, podamos contenerla hasta poder responder adecuadamente.
Ahora bien, dentro de las connotaciones negativas que le hemos dado al hecho de interrumpir, ¿podemos llevarnos a concluir que debemos abstenernos de hacerlo?
Definitivamente no. Las interrupciones correctamente administradas, son las que enriquecen la conversación. Aquí les presento mis recomendaciones:
- Esperar la terminación de una idea y partir de esta para continuar con nuestro aporte
- Escuchar con atención la perspectiva del otro y ponernos en sus zapatos, para preguntar desde donde él se expresa y no necesariamente desde nuestra realidad
- Si nuestro aporte va a contradecir lo que dijo el interlocutor, pedir la palabra desde una emoción gestionada y plantear que tenemos una perspectiva diferente sobre lo que está diciendo. Así, podremos enunciarla para intentar acercar puntos de vista, significados o conseguir puntos intermedios
- Si la otra persona está en camino de decir varias ideas seguidas, podemos amablemente solicitar la palabra y explicar la razón para intervenir: “quisiera aclarar que….”, “me gustaría saber si entendí bien…” y parafrasear; “antes de que sigas, quisiera aportar….” son sólo ejemplos
- Cuando no estamos entendiendo algo, igual que en los casos anteriores, pedir la palabra e indicar que necesitamos una aclaración, igualmente, desde una emoción gestionada
No hay nada más halagador para quien está hablando, que saberse escuchado, a partir de las intervenciones empáticas, solicitadas y con la intención genuina de aportar a la conversación y enriquecerla.
Nadie está preparado para las interrupciones por distintos motivos: ha preparado la información, está apasionado con lo que dice, está exponiéndose en un entorno en donde quiere exhibir sus conocimientos y preparación… todos nos queremos sentir importantes en el momento en que hablamos.
Por eso, las interrupciones amables, facilitan la exposición amplia de ideas sin amenazar el ego del expositor. Nuestra gestión de la emoción, debe incluir -en lo posible- despersonalizar nuestros comentarios y preguntas para revisar las ideas o conceptos objetivamente. Es preferible decir “no estoy de acuerdo con la idea de….” o “no estoy de acuerdo con eso” a “no estoy de acuerdo contigo”. Es frecuente que la asociación de la idea con la persona, escale inmediatamente las emociones negativas que la persona puede estar teniendo mientras habla. No las conocemos y no sabemos si las tiene. Por eso, despertarlas es un riesgo que podemos evitar, ya que es más importante conseguir el objetivo de la conversación que conducirnos a situaciones de lucha de egos, tan frecuentes y desgastantes en tiempo y energía.
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