El contexto en la comunicación – Parte II – Las Emociones

En el artículo anterior, nos referimos al contexto de comunicación que construimos las personas, desde el mundo en que crecimos y hemos experimentado. Afecta nuestra forma de entender e interpretar lo que nos dicen. En este artículo veremos cómo la visión que hemos creado de la vida, también incide en nuestra interpretación de lo que nos comunican.

En la edición anterior, https://gloriacuberos.com/el-contexto-en-la-comunicacion-parte-i-el-entorno/ revisábamos la importancia de entender al otro, antes de buscar ser entendidos. Y desarrollamos una lista sobre los factores externos del contexto que influyen en la diversidad de entendimientos.

Los mundos internos de las personas que se comunican, pueden ser tanto o más complejos que los externos. Porque cada uno de nosotros creció “armando” sus propios “anteojos mentales”, para referirme a las formas individuales de ver, sentir y entender la vida. La manera más rápida de notarlo es trabajar con un colega, que estudió lo mismo que nosotros, desempeña un rol parecido al nuestro en la misma empresa y tiene una edad similar a la nuestra. A la hora de tomar una decisión relevante, vemos que nuestros criterios pueden ser muy diferentes. Y no entendemos por qué. 

Ese es el síntoma y  tanto como no podemos hacer un análisis discreto de los componentes que cada uno le ha puesto a su vida para entenderla, adaptarse y responder. A continuación menciono cuatro elementos que ayudan a ilustrarlo:

  • El primero y uno de los más fuertemente arraigados, los supuestos familiares. Los construimos en el núcleo donde crecimos y los podemos identificar como los valores esenciales que nos hicieron sentir miembros de familia. Resalto aquí la responsabilidad y la honestidad que son los más arraigados, desde nuestro núcleo de origen.
  • El segundo, los supuestos educativos, que provienen de las instituciones a las que asistimos en donde, además de reforzar los valores de familia, construimos valores sociales como la empatía, solidaridad y la disciplina y aprendimos métodos para resolver diversos tipos de problemas en diferentes disciplinas, como creatividad (dibujo, música y otros), matemáticas y pensamiento estructurado y ciencias humanas apoyadas en el lenguaje.
  • El tercero, lo que aprendimos viviendo en sociedad, con nuestros amigos del barrio y del colegio o dentro de nuestra familia extendida. En estos núcleos construimos experiencias en que nos afianzamos como miembros de esos grupos, creamos patrones de identificación, conversación y acción con ellos y hasta adoptamos formas de expresión coloquiales y frases que tenían un significado particular dentro de esos grupos y no en otros.
  • Y por último, cito las emociones, que son transversales a todas las construcciones que hicimos en los diversos núcleos a los que pertenecimos y seguimos perteneciendo, que dentro de nuestra mente, han construido una escala invisible pero muy relevante de qué es bueno o malo para nosotros. Según los significados que tuvieron para nosotros todas las experiencias en estos círculos, aprendimos y afianzamos nuestras propias tendencias sobre cómo decidir, llegar a acuerdos y solucionar situaciones.

Por lo anterior, es importante cuando nos comuniquemos con otras personas, comprender hasta donde nos sea posible, la realidad desde donde el otro nos puede entender. Para ampliar el contexto, no sólo con hechos y datos, sino comprendiendo lo que la información que le comparto significa para él. Cómo lo motiva a actuar o a retirarse de los objetivos propuestos, de los acuerdos que podemos celebrar. 

Desconocer la realidad del otro nos lleva con frecuencia a enfrentarnos a situaciones de resistencia pasiva. Aquellas, en que las personas parecen asentir o aceptar lo que decimos y no se movilizan. ¿Hemos preguntado suficiente? ¿Conocemos su mundo? ¿Entendemos sus temores? 

Comunicarnos desde el “no comprender” es entender a un humano como un robot que acepta y ejecuta instrucciones. Fue válido en la era industrial, de ensamblar piezas sin discusión. Fue válido para cumplir exclusivamente con especificaciones y métricas. Pero el mundo ha evolucionado. Hoy requiere pensamiento crítico, debate e innovación permanente. Y eso sólo se logra cuando compartimos contextos, ideas y significados, para poder construir juntos los mejores acuerdos posibles.  Sin suposiciones. Sin aceptaciones tácitas. Y con el espacio abierto para que el otro pueda proponer, preguntar por nuestro contexto y ambos podamos debatir.

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