La virtud del silencio

Alternar entre silencios y hablar, es clave para generar ideas creativas, escuchar a otros y permitir nuestro libre debate interno a la luz de nuestros principios y valores.

A medida que me fueron interesando asuntos de liderazgo, me preguntaba si un líder es quien más tiene que hablar o no. Conocí a muchos líderes que -sobre todo en circunstancias difíciles- hablaban más de lo que les convenía, lo que originó mi debate interno de cuándo y para qué es oportuno hablar, principalmente cuando otros nos ven, nos siguen y los inspiramos.

Comencé a identificar egos y errores de comunicación derivados, por lo general, de presiones que venían de muchos lados. Los jefes, la competencia, las dinámicas internas del negocio que muchas veces no funcionaban y como si fuera poco, las necesidades de supervivencia propia para llevar dinero a la casa y tal vez de reconocimiento personal queriendo vernos bajo el halo de persona exitosa que ha definido la sociedad.

Empecé a observar y preguntarme, cuándo era conveniente hablar y para qué. A revisar dentro de cada reunión a la que asistía, cuándo era importante decir lo que yo pensaba y cuándo, escuchar. Me tomó tiempo decidir si un líder tenía que hablar mucho o poco y encontré referencias a líderes muy callados, pero que movilizaban. Leyendas, como Nelson Mandela, célebre por escuchar a su equipo y hablar de último.

Alternar entre hablar y callar, debemos hacerlo consciente y sabiamente. 

¿Qué nos lleva a hablar de más? Muchas situaciones y las pongo sobre la mesa, para que podamos usar nuestros silencios a favor de resolver asuntos difíciles:

  • Nuestro diálogo interno. Tomar decisiones, pasa siempre primero por nuestro debate interno, que es relevante. Sin embargo, frente a dificultades y diversos puntos de vista, será necesario callar, debatir primero con nosotros mismos y luego sí, expresar las ideas filtradas por nuestro mejor criterio.

  • La necesidad de ser vistos. Los seres humanos necesitamos ser vistos y reconocidos por otros. Todos a nuestro alrededor esperan que hablemos primero, con claridad y contundencia. No siempre estamos listos y si hablamos antes de tener claridad, perdemos. No veo necesario hablar cuando no sabemos muy bien para qué o cómo. Así, la mejor opción siempre será hacer preguntas a nuestro equipo, a nuestros  mentores, a nuestros pares. Luego callar, luego hablar.

  • Nuestro prejuicio de qué es ser líder. Vimos a otros dar instrucciones; hemos apropiado la identidad del líder como la de aquél que siempre tiene que saber qué hacer. Y en lugar de involucrar a quienes nos rodean, con preguntas sobre los aportes que pueden hacer, los reducimos dando instrucciones, evitando que crezcan o que piensen.

  • El paradigma de la velocidad que adoptamos en el siglo XXI. En un tiempo en que todo debe ser rápido o perdemos oportunidades o competitividad, nos impulsamos a decir lo que hay que hacer. Reducimos el tiempo de reflexión y debates sanos creyendo muchas veces que la primera solución que vino a nuestra mente es la que se debe hacer.

¿Para qué callar?

  • Primero que todo, para conectar con nosotros mismos. En muchas circunstancias, sabemos qué hacer. Y sucumbimos al ruido y presiones externas. Desde saber quiénes somos y apalancarnos en nuestros principios y valores, podemos preparar las preguntas sabias que haremos a nuestro grupo; podremos encontrar respuestas sin presiones; podremos conectar lo que alguien nos dijo, con lo que sabemos.

  • También, para permitir que el silencio nos traiga ideas frescas. No viciadas por expectativas de otros y sí, a la luz del propósito que nos convoca como grupo, como unidad de negocio, como organización. El silencio, en diversas condiciones, estimula nuestra creatividad. Diversas condiciones pueden ser un café, una caminata por ahí, un espacio de reposo distinto del de trabajo.

  • Para disponernos a escuchar, considerar y evaluar los aportes de otros. Para observar el entorno y aplicar nuestro mejor criterio para apropiar de él lo que nos sirve o para adaptarnos a lo que no nos sirve mucho. Para construir equipo desde involucrarnos y asegurar que se toman decisiones consideradas desde las aristas apropiadas.

  • Y aunque parezca raro, para que las personas, al ver nuestra coherencia al actuar, noten que no era tan necesario que habláramos por ser líderes. En otras palabras, para educar con el ejemplo.

Por último, no me queda sino recomendar con amplitud la meditación como ejercicio regular. Acallar la mente por unos minutos al día, no sólo consigue los beneficios biológicos que  han sido ampliamente estudiados y documentados. Es una ocasión diaria para enajenarnos un poco de tanto ruido mental y estimular nuestra creatividad, para disponernos al siguiente momento de nuestra vida: la tarde, dormir, iniciar el día.

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